Rodrigo Caro

Entre los escritores sevillanos del Siglo de Oro, Rodrigo Caro (1573 – 1647) se señaló por su fuerte conciencia de sevillanismo histórico, pues toda su obra erudita o poética es un canto de alabanza a Sevilla que fue y a la que era entonces. Pero antes de llegar a ser hombre de letras, Caro había nacido en Utrera en 1573, donde se bautizó el 4 de octubre de ese mismo año como hijo de Bernabé Sánchez de Salamanca y Francisca Caro. Nada se sabe de su infancia, más allá de lo que él mismo dejó entrever en sus Días geniales o lúdricos, pero ya en 1590 andaba matriculado de cánones en la Universidad de Osuna. La muerte de su padre le obligaría a trasladarse a Sevilla, en cuya universidad -y ya bajo la tutela de su tío Juan Díaz Caro- alcanzó a obtener finalmente el título de licenciado hacia 1596.

Fue en esos años de estudiante hispalense cuando tuvo lugar una visita a las ruinas de Itálica que sería decisiva para su vida intelectual y literaria

Rodrigo caro fue, ante todo, un hombre entre libros. Y acaso eligió esa vida porque el mundo se fue convirtiendo para él en un lugar inhabitable y agrio. Libros y ruinas encauzado su afán de estudio hacia la antigüedad, que a partir de entonces sintió como “sagrada” y que se ofreció siempre como referente moral intelectual.

Entre sus obras principales destacan: el Memorial de Utrera, la Relación de las inscripciones y antigüedad de la Villa de Utrera, Antigüedades y Principado de la ilustrísima ciudad de Sevilla y corografía de su convento jurídico o antigua chancilleria, el ya citado Días geniales o lúdricos, que buscan una raíz antigua de los juegos infantiles contemporáneos, o los Varones insignes en letras naturales de la ilustrísima ciudad de Sevilla.

 

A su muerte, sus restos fueron depositados en su querida iglesia de San Miguel y, ya en el siglo XIX, trasladados al Panteón de Sevillanos Ilustres, en la actual Iglesia de la Anunciación.

Extractado de Gómez Canseco, Luis. “Rodrigo Caro” en Universidad de Sevilla. Personalidades (2015). pp. 126 – 128

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