Un estudio en la calle Conde Ybarra

En invierno del año 2018, el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla (CICUS), organizó la exposición, Un estudio en la calle Conde Ybarra, como homenaje a ese magnífico artista y mejor persona que fue José Soto, fallecido en agosto de 2016. La muestra, comisariada por Juan Bosco Díaz-Urmeneta Muñoz, pretendió, con un criterio cargado de emotividad, recoger algo más que la producción pictórica del artista sevillano, y para ello apeló al sentimiento, el recuerdo y la amistad.

La ciudad de Sevilla ha sido siempre reacia a aceptar aquellas manifestaciones artísticas que no se acojan a los cánones clásicos establecidos por la estética academicista. Por lo que iniciativas como la apertura, en 1965, de la galería de arte La Pasarela, cuyo objetivo era el de dar a conocer el arte y la pintura moderna que se hacía en Sevilla, solo pudo aguantar abierta siete años y eso gracias al apoyo ofrecido por la reputada galerista griega, Juana Mordó, llevando obras de artistas de su entorno como, Canogar, Millares, Saura, Gustavo Torner, Carmen Laffón o Lucio Muñoz, entre otros.

En este contexto aparece, en 1966, un taller de pintura en la calle Conde de Ibarra 23, compartido por Carmen Laffón, Fernando Zóbel y Pepe Soto. La idea surge de la amistad entre Carmen Laffón y Zóbel forjada en 1961, cuando el filipino, hijo de una familia española de elevado nivel económico y gran prestigio económico, conoce a Carmen, que por aquellos entonces, presentaba su primera exposición en la galería “Biosca” de Madrid. El contacto y el cariño tras aquel encuentro hubieron de perdurar, pues en el verano de 1966 encontramos a la sevillana como invitada en la inauguración del Museo de Arte Abstracto, fundado por Zóbel en Cuenca.

Ese mismo año, ambos acuerdan trabajar juntos en Sevilla, y para ello deciden alquilar un local, justamente debajo del piso donde vivía Laffón con su entonces marido Ignacio Vázquez Parladé, en la calle Conde de Ibarra 23 y al que poco tiempo después se unirá Pepe Soto. La planta superior, vivienda del matrimonio, que ya cumplía la función de acogida de aquellos pintores y artistas que venían a Sevilla a exponer su obra o para cualquier otra actividad, pasó a incrementar su función, llegando a ser un lugar de reunión y de debate de artistas, gracias a la fuerza y el poder de congregación que tenía Zóbel, el cual conocía, por sus continuos viajes a New York, las vanguardias artísticas que allí se gestaron, sobre todo el expresionismo abstracto. Jóvenes arquitectos y artistas como Gerardo Delgado, José Ramón Sierra o Juan Manuel Bonet, quedaron embriagados por la magia de Zóbel y asistían a las tertulias buscando sus opiniones y su buen criterio, lo que desembocó en una fuerte amistad.

Sin duda, a Pepe Soto, ya interesado por este movimiento artístico, las charlas con Zóbel en las veladas vespertinas le motivaron para desarrollar sus primeras obras abstractas, allá por 1969, claramente relacionadas con la corriente del Color-Field Painting (Pinturas de Campos de Color), acercándose a la estética más radical de Barnett Newman, próxima ya al minimalismo. Por su parte, Zóbel, realizó aquí obras como La Botella del jueves, Amanecer y una, sin título, dedicada a Soto. Todas fechadas en 1968. Carmen Laffón pintó, la Cuna, tomando como modelo la que usaba para dormir la hija de Rafael Pérez-Madero, secretario y colaborador de Zóbel, cuando acudía al estudio.

El estudio tuvo poca vida y para 1974 se había desmantelado, en parte por la continua evolución de las vanguardias norteamericanas que en poco tiempo dieron paso a la estética Pop, pero sin duda, este oasis de libertad creativa caló profundamente en el desarrollo de la Nueva Vanguardia Artística Sevillana de los años setenta del siglo XX y que tiene como precursores en el ámbito de la abstracción a creadores de la talla de Gerardo Delgado, José Ramón Sierra, Juan Suárez o Manuel Salinas. De la aceptación que en la actualidad tienen sus obras da buena cuenta la masiva inauguración de la citada exposición.

J.V.G.

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